Aurora estaba destrozada. Las fotografías comprometedoras que habían llegado a su teléfono desde un número desconocido la habían arrancado del mundo. Tirada en el piso de su pequeño departamento, lloraba sin consuelo; era como si le hubieran arrancado el corazón de un solo tajo.
—¿Cómo pudiste hacerme esto? —gritaba entre sollozos—. Yo sé que te dije que quería que continuaras sin mí, pero no pensé que pudieras reemplazarme tan pronto.
Las horas transcurrieron pesadas. En la distancia, Alexande