El tráfico era insoportable. Avanzaba con el corazón en la garganta, las manos heladas sobre el volante. El mensaje que había recibido minutos atrás seguía parpadeando en mi mente:
“Tu futuro esposo no te quiere tanto como dice. Si quieres comprobarlo, ven a esta dirección.”
No quería creerlo, no podía. Pero algo dentro de mí me impulsó a ir. No era desconfianza, era miedo. Miedo a volver a ser traicionada, a repetir una historia que juré dejar atrás.
Cuando llegué al hotel, sentí que el suelo