El viaje de regreso a la mansión King fue silencioso, aunque lleno de miradas cómplices. Alexander conducía con una serenidad poco habitual en él, mientras Aurora, apoyada en el asiento, lo observaba en silencio, intentando procesar todo lo ocurrido.
Al llegar, la calma del lugar pareció envolverlos. El sonido lejano del viento entre los pinos y el olor a madera húmeda devolvieron una sensación de hogar que Aurora no había sentido en mucho tiempo.
Después de ducharse, Aurora se ocupó de prepara