Karoline leyó el mensaje amenazante de Arthur Hamilton. En la pantalla se alcanzaban a distinguir las palabras: “¿Cuánto tiempo más pretendías seguirme engañando, zorra?”
Ella se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo el aire se le cortaba.
—No… no… ¿qué voy a hacer ahora? —susurró con voz quebrada—. Este maldito me va a matar… y si Alan se entera, estoy perdida… —su respiración se volvió errática—. Te odio, Aurora… debí acabar contigo cuando tuve oportunidad —gritó fuera de sí, golpeando el