Nando
No lo podía creer. Otra vez había fallado. Otra vez me dejé ganar por la vergüenza. Todo el camino hasta llegar a casa me reproché lo tonto que había sido.
Tal vez debí dar la vuelta y regresar, tomarla por la cintura, acercarla a mí y besarla. Solo besarla, sin mediar palabra. Pero no lo hice.
El camino se hizo largo entre pensamientos recriminatorios y escenas imaginarias que no era capaz de realizar. Al llegar, me tiré sobre la cama: el cuerpo estaba cansado, pero la mente inqu