Me reí sola, entre nervios e ilusión. No había escrito ni siquiera un “buen día”, tan solo una palabra: “Acepto”. La emoción me traicionó, olvidando los modales. Poco importó, porque su respuesta inmediata denotaba urgencia. No me citó en una oficina ni en algún horario especial. No. Era en un rato. Ahora. Ya.
Y eso me ponía aún más nerviosa, aunque no sé por qué. Solo era un trabajo… con un amigo… con él, el amor de mi vida, un imposible ayer y hoy.
Desperté a Pedro, preparé su desayuno y