Nando.
Traté de llamarla y disculparme, pero no respondía. Eso me atormentaba aún más. Creo que la llamé al menos cinco veces antes de aceptar que no lo haría. Entonces escribí un mensaje que borré varias veces: las palabras eran demasiadas… o muy pocas. No sabía cómo decirle todo lo que sentía, o si realmente debía hacerlo. Al final, después de varios intentos, solo escribí una palabra: “Perdón.”
Esperé una respuesta, aunque sabía que no iba a llegar. Y dolía. Dolía más de lo que imaginé.