**SANTIAGO**
—¡Joder! —escapo en un grito que no puedo contener, justo en el instante en que el "código Londres" retumba en mi auricular.
El eco de esas dos palabras se expande dentro de mí como una explosión sorda. El corazón me da un vuelco violento, como si intentara salirse por la boca. Y por un segundo, apenas un parpadeo, todo se congela.
Pero después… me muevo.
Mis piernas se activan solas, como si algo más —algo primitivo— tomara el control.
Corro con una urgencia que roza la locura, co