**VALERIA (NATALIA)**
Solté su mano justo cuando sus cejas comenzaron a fruncirse, cuando la confusión se dibujó en su rostro como una sombra que reconocía bien... demasiado bien. Esa mirada perdida, ese gesto sutil de duda... era el eco de un pasado que aún me alimenta.
Me giré hacia Camila y, con mi mejor tono profesional, le dije:
—Señorita, tenemos que irnos. En su casa la están esperando.
Camila asintió con la elegancia de quien siempre ha vivido entre privilegios. Subió al auto sin mirar