A lo lejos, entre las sombras que proyectan los árboles del jardín, algo se mueve. Una figura, rápida, furtiva. Me congelo. El corazón me da un golpe seco en el pecho, como si intentara avisarme antes que la razón. Algo no cuadra. Nadie más debería estar aquí.
La silueta se escurre entre los arbustos con una agilidad que no pertenece a ningún paseante casual. No hay ruido, ni ramas crujidas, ni siquiera un soplo de viento que me ayude a justificar lo que acabo de ver. Desaparece como si nunca h