Mateo observa a Aye, se estira hasta llegar a ella y con su dedo pulgar le quita las lágrimas que caen sobre la mejilla. Aye al sentirlo vuelve en sí y como si hubiera olvidado el agua en el fuego, se levanta y sale corriendo del lugar. El joven la observa sin entender lo que pasó, se había dado cuenta que la canción le había llegado a tocar a la joven, pero no entendía por qué esa necesidad de huir. Reaccionando sale tras ella luego de dejar el dinero de la cena sobre la mesa. Al salir puede detectarla a lo lejos corriendo por la misma dirección que habían tomado y se apresura a alcanzarla.
-¡¡Sí!! —le grita a unos pasos detrás de ella, sin embargo, la chica no detiene su carrera—. ¡¡Espera! —A pocos metros logra alcanzarla. La toma del brazo y la hace girar con brusquedad logrando con eso pegarla con un poco de fuerza de más a su cuerpo—. ¿Por qué corresponde? —inquiere sosteniéndola de los dos brazos.
—La canción… Tú… Yo y… —Mueve su cabeza de manera negativa sin poder contener sus