—Hija, cariño —interviene la madre—. Hablé con tus profesores, ellos te prepararon las clases que faltaste para que puedas estudiarlas y así no retrasarte, al igual con las clases a las cuales vas a faltar —Ante esa oración, Kansas abre la boca para retrucar, pero su madre se adelanta—. Todavía no vas a volver a la Universidad y no discutas conmigo —sentencia.
—Bien —suspira—. Pero todavía no sé por qué debo quedarme aquí —se queja, al tiempo que salen del ascensor.
—Por qué le prometí a tu mamá que yo voy a cuidarte y mantener un ojo sobre ti todo el tiempo —explica Jonas.
—Solo tienes permitido ponerle un ojo encima —aclara Meredith haciendo sonreír al chico.
—Mamá —entona Kansas escondiendo el rostro en el cuello del joven.
—No puedo quedarme, tengo cosas que hacer en casa y voy a estar más tranquila si te quedas con él y haces lo que se te dice —manifiesta Meredith con convicción.
—Está bien —accede ella.
—¿Lista? —interroga Jonas viéndola con una sonrisa parado en la puerta de su