—Hija, cariño —interviene la madre—. Hablé con tus profesores, ellos te prepararon las clases que faltaste para que puedas estudiarlas y así no retrasarte, al igual con las clases a las cuales vas a faltar —Ante esa oración, Kansas abre la boca para retrucar, pero su madre se adelanta—. Todavía no vas a volver a la Universidad y no discutas conmigo —sentencia.
—Bien —suspira—. Pero todavía no sé por qué debo quedarme aquí —se queja, al tiempo que salen del ascensor.
—Por qué le prometí a tu mam