—Vamos, Peque, sigues siendo muy lenta —se burla Mateo corriendo varios pasos delante de ella.
—No es cierto —protesta Aye—. Si supiera a dónde vamos, ya te hubiera pasado.
Mateo se carcajea de manera de burla, pero no detiene el paso, ni siquiera le dice a dónde van. La guía a toda velocidad por el campus hasta llegar a la Universidad en donde se adentran. Aye observa curiosa tratando de descubrir qué es lo que hacen dentro de la Universidad un día sábado, sin embargo, en el establecimiento solo hay personal de mantenimiento y seguridad, nadie que le pueda decir alguna cosa y soltar alguna pista. Mateo se detiene de forma brusca en la puerta de la sala de teatro, provocando con eso que Aye choque contra su espalda.
—Auch —se quejan al mismo tiempo—. Cuidado, Peque —canturrea él.
—¿Qué hacemos en la sala de teatro? —curiosea, tratando de pasar, pero el chico le obstaculiza el camino.
—Tranquila, ya te vas a enterar —esboza colocando un pañuelo delante de ella—. Date vuelta.
—¿Es neces