Los tres se encontraban en la cocina, sentados sobre los taburetes alrededor de la isla, escuchando las anécdotas de Helena en su viaje como diseñadora. Luego que Helena le reclamara a su hermano que no la haya ido a buscar y que él se excusara con que había olvidado el celular en su habitación y para peor en vibrador; Tuvo que compensarlo siendo todos los oídos y prometiéndole que la llevaría a recorrer la ciudad.
Mateo, sonríe al escucharlos; sus peleas constantes, reclamos irracionales, bromas inadecuadas de los gemelos, lo hacían sentir como en casa. Ese calor que irradian los hermanos, con sus inalcanzables palabras sueltas y alocadas, de alguna manera lo transportan a un lugar mejor y no a la horrible realidad de cómo estaban las cosas. Todo a su alrededor iba bien; el trabajo, los amigos, la familia, solo faltaba una cosa, lo más importante para él. Sí. Y no encontré la manera de volver a acercarse a ella.
—¿Por qué esa cara de perro arrojado y abandonado en plena carretera? —c