A los pocos minutos, se encontraban frente a un restaurante italiano. Bonnie observa el lugar y una pequeña sonrisa florece en su rostro.
—Soy un poco nostálgico —comenta Marcelo elevando sus hombros al ver la sonrisa de la joven.
Ellos entran al lugar y los ojos de Bonnie registran todo a su alrededor. Las mesas redondas con velas encendidas en el centro de cada una de ellas. Las paredes blancas y el suelo de laja negra. Marcelo la lleva más allá de donde estaban los demás comensales, en la zona VIP. Sillones rojos, los cuales cada uno de ellos, prácticamente envolvía su propia mesa. Él la hace sentarse primero a ella y luego se siente a su lado. Un mesero se acerca dejando el menú para que elijan su almuerzo, pero Marcelo declina y le dice que van a probar el especial italiano, el mesero le sonríe y luego de un leve asentamiento, se aleja para acatar la orden del joven.
— ¿Tienes buen apetito? —curioso él con una sonrisa.
—Creo que sí —le responde, desconcertada por la pregunta.
—Qu