Una suave brisa se colaba por el enorme ventanal, sacudiendo las hebras de aquel cabello castaño revuelto y desordenado, mientras el sol besaba cada una de las facciones del chico, quien limpiaba de su rostro una lágrima rebelde.
Aunque apenas tenía 24 años, el cansancio lo hacía parecer mucho más mayor de lo que en realidad era, pues la vida de aquel joven siempre había sido difícil.
La frustración y el desasosiego eran evidentes en su rostro. El dolor y la incertidumbre ya no era algo que sól