Blanco...
Todo era absolutamente blanco...
No había ni una sola mancha que rompiera aquel inmaculado color, a excepción de aquella larga y desaliñada cabellera oscura que resaltaba como un pequeño punto.
Una mujer se encontraba encorvada, sentada en el suelo y cada uno de sus movimientos llevaba consigo el olor de la demencia.
La camisa blanca como todo lo que se encontraba en aquel estrecho espacio, sólo permitía que su cabeza, junto a su larga melena, se moviera de un lado a otro, tarareando