La opulencia del salón de baile del Grand Hotel de Connecticut era asfixiante. El olor a perfumes caros, el brillo de las lámparas de cristal y el murmullo incesante de la élite local creaban una atmósfera que Ava detestaba profundamente. Llevaba un vestido de seda esmeralda que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, resaltando el fuego de su cabello y la palidez de sus pecas, pero se sentía como un animal en exhibición.
Caminaba un paso por detrás de Richard, con Lucas a su lado. La cerca