La luz de la mañana en el comedor de los Miller era una agresión. Entraba por los grandes ventanales, impecable y fría, iluminando la cubertería de plata que Ava manejaba con una precisión quirúrgica. No había rastro de la chica impulsiva de la noche anterior; en su lugar, había una estatua de porcelana que cortaba su fruta en cubos perfectos, sin que el metal rozara siquiera el plato.
Lucas estaba sentado frente a ella. Su presencia era una presión física, un peso que Ava sentía en los pulmone