El silencio en la mansión Miller tras la medianoche era denso, casi sólido, solo interrumpido por el tictac rítmico del reloj de péndulo en el gran vestíbulo. Richard y Beatriz se habían retirado a su ala de la casa, y Sienna finalmente había apagado la luz de su habitación tras horas de música baja. Para el mundo exterior, los Miller descansaban en la paz de su prestigio; para los que habitaban tras sus muros, la tensión era un cable de alta tensión a punto de romperse.
Ava entró en su cuarto