El eco de la camioneta de Max desapareciendo en la distancia fue reemplazado por un silencio sepulcral que solo Beatriz se atrevió a romper. Su sonrisa era gélida, la de un cazador que finalmente tiene a su presa en el rincón.
—Richard, querido —dijo Beatriz, poniendo una mano sedosa sobre el hombro tenso de su marido—, esto ha sido demasiado para ti. Deja que yo me encargue de ella. Necesita una charla de mujer a mujer sobre el decoro y el lugar que ocupa en esta familia. Lucas, acompaña a Ric