La mansión Miller estaba en un silencio inusual. Richard se había marchado temprano a una conferencia en Nueva York y Lucas, impulsado por una inquietud que no lo dejaba dormir, había salido a primera hora hacia la universidad para revisar unos expedientes, aunque su mente seguía fija en la silla vacía de Ava durante el desayuno. Amado, escoltado por el chófer, ya estaba en el colegio.
Beatriz era la única que quedaba, moviéndose por los pasillos como una sombra triunfante. Bajó al sótano con p