El peso de su cuerpo contra el mío era lo único real en este mundo de sombras y privilegios. La brisa del mar golpeaba suavemente las cortinas de la balinesa, creando un vals de seda blanca a nuestro alrededor, pero mi atención estaba fija en ella. Ava dormía con una paz que me resultaba dolorosa; tenía el rostro hundido en el hueco de mi hombro y su respiración, pausada y cálida, me acariciaba la piel del pecho.
La luz de la luna llena bañaba sus pecas, esas pequeñas marcas que ahora eran mi m