El motor del deportivo de Lucas rugía con una elegancia contenida mientras dejaban atrás los límites de la ciudad. El aire pesado de la oficina de Yale y la sombra asfixiante de la mansión Miller se disipaban con cada kilómetro de carretera. Ava miraba por la ventana, viendo cómo los edificios se transformaban en siluetas de palmeras y el olor a salitre empezaba a inundar el habitáculo.
—No vamos a casa, ¿verdad? —preguntó Ava, rompiendo el silencio. Su voz sonaba suave, despojada de la armadur