Esa misma tarde, Leila regresó al club.
Chris le había prometido que se encargaría de su situación con la gerencia, pero si algo había aprendido a golpes en los últimos cinco años, era que solo podía valerse por sí misma.
El fajo de billetes que él le había dado era una bendición, pero ni de lejos alcanzaba para pagar un abogado de renombre, abrir un juicio de revisión y arrancarle la custodia de Emily a Delia.
Necesitaba cada centavo de su sueldo.
Estaba en un pasillo lateral, concentrada c