El aire en la cocina estaba cargado del aroma dulce de la melaza y el picante del clavo de olor.
Estela se ajustó el delantal blanco sobre su vestido de cuadros y miró a Leila con una chispa de desafío en sus ojos sabios.
—Hace rato probaste mis galletas de jengibre, Leila. Son la receta secreta de esta casa y el orgullo de mi familia —dijo Estela, señalando una bandeja de dulces dorados—. Así que ahora quiero que hagas galletas igual de buenas... o incluso mejores. Si puedes igualar mi técnic