Narrador omnisciente
Las horas pasaban, la noche se iba poco a poco.
En el primer panorama se encontraba Sara, pegada como una lapa a su primo, tratando de imaginar que era Samuel.
Al final, logró conciliar el sueño y Maikol se mantenía en silencio. Nada más le rogaba a todos los santos que Samuel no volviera a cargarla, pensaba en su madre también, debía darle un voto de confianza, de la misma manera que se la dio a su primo.
En el segundo panorama, los gritos de la rubia despertaron de gol