A Samuel, la felicidad de ver a sus hijos juntos no le cabía en el pecho, observa el retrato de Zachary y, parece que el tiempo se detuviera en ese momento. Se siente melancólico al recordar todo lo que vivieron y sobre todo su pequeña. Cierra sus ojos y la visualiza perfectamente, como le daba ánimos ese día que lo motivó buscar de Sara — Zachary —, susurra para sus adentros.
—Abuelito, ayúdame. Tía Sam, quiere ponerme un vestido y no quiero — le chilla Aisha y
Samuel, la lleva en sus brazos.