Al salir de la habitación, Santiago acaricia el cabello de mi pequeña, se ha quedado dormida y está apoyada en su brazo. Estaba levantada desde mucho antes de salir el sol y es de suponer sé que sus baterías se apagaran. Ese momento lo capturó con mi teléfono, y me acercó, sus ojos nada más la miran con devoción, aún sin poder creer que es real.
—Sahi, es una niña hermosa. Y sus ojos, son... Joder, no tengo palabras — musitó, sin dejar de mirarla.
—Aisha, es un milagro. Mi milagro nació siendo