Hubo un largo silencio entre ellos. Ashary sentía sus labios tensos y temblorosos. Lyon lo recorría con la mirada de arriba abajo, casi pudiendo traspasar su alma. Cuando los alfas tenían sus orbes de ese color tan brillante y que resplandecía bajo los rayos del sol que se colaban por las hojas de los árboles, pues había que ser cautelosos.
–¿Lyon? –Ashary se atrevió a hablar. Estaba agotado, no se sentía en condiciones de tener que defenderse en caso de que tuviera que protegerse. Incluso no s