El sol de la mañana se vertía sobre las paredes y enormes ventanales del palacio de cristal. Charles ajustando las correas de su caballo notaba el rostro sospechosamente sonriente del príncipe a su lado. Es que no había un centímetro de él que no delatara todo lo que de seguro había hecho… o más bien, lo que le había hecho a cierta persona.
-Y bueno, estás de muy buen humor- Charles lo provocó. No lo vería por al menos dos o tres días, así que quería fastidiarlo antes de irse.
-Pues qué decirte