Impactado era quedarse corto ante la impresión que había tenido Charles en su primer día en el palacio.
Lo que había esperado que fuera un noble prepotente y con ínfulas de superioridad, era un cachorro despreocupado y hasta conflictivo, porque desde su primer encuentro ya se estaba peleado con el cachorro rubio, del cual también tenía otra opinión. Decir que tenía la lengua venenosa era quedarse corto por mucho. Supo que debía tener cuidado de no molestar al hijo del duque, era igual o más letal que este.
Resultado, los dos cachorros con rango superior a él enfrascado en una pelea que él no comprendió. Y toda la elegancia, y fineza que antes había visto en el rubio se había esfumado cuando ambos se habían agarrado de los pelos… delante de él.
La respuesta de su padre: una palmada en su espalda y «es tu primer trabajo, sepáralos» le había dicho con una enorme sonrisa. En resumen, la frase las apariencias engañan la había testificado desde muy joven.
Además, se había dado cuenta de un