El juego continuaba con el mismo ambiente relajado, risas y bromas de por medio. Las cartas seguían repartiéndose y, esta vez, el comodín cayó en manos de Joel.
—A ver, Joel —dijo Alan con una sonrisa traviesa—, cuéntanos cuál ha sido tu peor experiencia sexual.
Joel se apoyó en el respaldo del sillón y suspiró dramáticamente.
—Uff, eso es fácil. Una vez estuve con una mujer que no se movía ni hablaba. Fue tan raro que, a mitad de... ya saben, tuve que fijarme si seguía viva.
Hubo un momento de