El restaurante comenzaba a vaciarse mientras el almuerzo de Amatista y Enzo llegaba a su fin. La conversación fluía con la misma ligereza que las copas de vino sobre la mesa, el tema principal aun siendo lo deliciosa que había resultado la pasta.
—Amor, no estoy exagerando cuando digo que podríamos venir aquí cada semana. —comentó Amatista, señalando su plato vacío con un gesto teatral—. Estoy completamente enamorada de este lugar.
Enzo soltó una risa suave, recostándose en su silla mientras la