El sonido de los golpes al golf resonaba en el campo, mezclándose con las risas ocasionales de los socios y comentarios sobre estrategias y negocios. La competencia avanzaba entre bromas y conversaciones serias, pero había algo que captaba más atención que los propios jugadores: la dinámica entre Enzo y Amatista. Era imposible no notarlos, especialmente para quienes compartían el juego con ellos.
Maximiliano y Mauricio Sotelo, que habían sido cautivados por la belleza de Amatista al instante, s