Federico llegó a la mansión Bourth con su maletín en mano. Roque, quien lo había estado esperando en la entrada, lo condujo por los pasillos oscuros de la mansión. El ambiente estaba cargado de una tensión palpable, y Roque no perdió la oportunidad de advertirle al médico.
—Si quieres seguir vivo, no hagas demasiadas preguntas —le dijo Roque en voz baja, con una mirada que denotaba una seriedad escalofriante.
Federico asintió en silencio, sabiendo que no podía hacer más que cumplir con lo que s