El sol de la tarde iluminaba la estancia, y el ambiente era tranquilo como cualquier otro día. Amatista, con ocho meses de embarazo, se había acostumbrado a los ritmos del lugar. Estaba revisando unos diseños en la sala cuando un dolor agudo la hizo inclinarse sobre la mesa.
—¡Emilia! —llamó, pero no obtuvo respuesta.
Sabía que Emilia estaba afuera trabajando en los corrales con Luis y el resto del personal. Otro dolor, más fuerte, recorrió su cuerpo, y en ese momento comprendió lo que estaba s