UNA INVITACIÓN IRRECUSABLE

ISABELLA

Después de dejar mi puesto en la empresa familiar y me dediqué a autocompadecerme. Mi madre me había asegurado que Alessandro volvería rendido a mis pies, que me necesitaba o, mejor dicho, su empresa necesitaba a la empresa de nuestra familia. No sabía si aquello me alegraba o me deprimía aún más, no sabía si quería que Alessandro volviera o si no quería volver a verlo. Como sea, ninguna de las dos cosas ocurrió, ni él me rogó ni pude evitar verlo.

Seis meses después de todo llegó una invitación, un sobre gris con un sello dorado como un decreto real del medioevo. Mi corazón se aceleró cuando vi el encabezado:

Celebración oficial de la fusión entre Valcán Biotech Company y Villalobos Corporations.

Y en el párrafo final, el nombre que me hizo apretar la hoja hasta arrugarla: Alessandro Valcán, Presidente Ejecutivo.

Valcán Biotech Company y Villalobos Corporations se fusionaban. Por eso no me había rogado, por eso no había pedido perdón, no me necesitaba. Sus palabras volvieron con fuerza, como si estuviera ahí frente a mí pronunciándolas con el mismo desdén de aquel día: "Eres conveniente. Tienes un apellido útil."

Pero claro, aquella fusión le garantizaba lo mismo que mi apellido le hubiera garantizado, pero con la libertad que un matrimonio conmigo le hubiese arrebatado. Aquella fusión los convertiría en el conglomerado tecnológico más fuerte del país y dejarían a Montenegro Quantum Dynamics (la empresa de mi familia) como segunda en el ranking nacional. Pero eso era lo que menos me importaba.

No tenía opción, mi ausencia significaría darle el gusto de saber que me hizo tanto daño que no podía verlo de nuevo y mi presencia le daría el gusto de ver mi reacción ante su éxito, y para colmo el lugar del evento no era cualquier lugar, sería en el mismo hotel en el que lo había encontrado engañándome.

Grité de frustración, si iba a ir lo haría con la cabeza en alto, no iría sola, iría acompañada de un hombre poderoso, más que Alessandro, más guapo también y que desborde amor por mí.

Estúpida, me dije a mí misma, dejándome caer sobre la cama, eres patética. ¿Dónde vas a conseguir eso? Ni pagando conseguirías a un hombre así para el fin de semana.

Pagando... la idea brilló como si una bombilla se hubiese encendido encima de mi cabeza, pagando, lo repetí en voz baja como quien pronuncia un conjuro, me levanté de golpe y corrí a buscar mi laptop.

"Comprar una cita" digité y me sorprendió la cantidad de opciones que aparecieron, elegí la primera: "hombrealinstante.com". Reí por el nombre o tal vez por los nervios, empecé a deslizar perfiles hasta que lo vi, un hombre hermoso, parecía de revista.

Al instante me detuve. Admiré su cuerpo atlético que se insinuaba bajo la camisa abierta en los primeros botones. Su rostro era de esos que uno no olvida: labios llenos, mandíbula marcada, ojos oscuros y profundos que parecían retarte a descubrirlos. Era imposible de ignorar. Le dejé un mensaje explicándole lo que necesitaba, el día y la hora del evento.

La respuesta fue inmediata.

-¿Cuántas horas necesitarás de mis servicios?

-Las que sean necesarias -le respondí, porque no sabía cuánto tiempo tendría que estar en ese maldito evento soportando el triunfo y la vida exitosa de Alessandro.

-Hecho. Estaré ahí a la hora indicada.

Una sensación extraña me recorrió el cuerpo, me sentí eufórica, estaba haciendo una locura, tenía miedo pero también tenía la sensación de que todo saldría bien, aparecería en aquel lugar empoderada, con la barbilla en alto, de la mano de mi novio guapo y millonario que muere de amor por mí y le demostraría a Alessandro que mi vida había continuado después de él.

Llegó el día, había comprado un vestido rojo con un escote pronunciado y una abertura en el ruedo que dejaba ver mi pierna derecha hasta arriba del muslo, los tacones negros me daban una figura estilizada, parecía más alta, más elegante de lo que realmente era, el cabello suelto cayendo en ondas sobre mis hombros hasta llegar a mi espalda, estaba hermosa, empoderada, y aun así estaba asustada, sudaba como un cerdo, estaba en el asiento trasero del auto, mi chofer no había dicho una palabra desde que nos estacionamos.

Miré la pantalla del teléfono, llevaba ahí media hora esperando por mi novio falso y sentía cómo mi mundo se desmoronaba, un pedazo con cada minuto que pasaba y el hombre que había alquilado no aparecía. Le había dado el modelo y placa del coche con la indicación de que subiera para que pareciera que llegábamos juntos, pero él no aparecía.

-Maldición -grité.

El chofer dio un salto sobresaltado, mis mejillas ardieron de la vergüenza. No me quedaba de otra, tendría que aparecer sola.

Me estaba armando de valor para salir cuando la puerta se abrió, un rostro se asomó y luego subió. No era el chico de la foto, era más guapo aún, un rostro perfecto, uno que yo ya conocía

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