UNA CLAUSULA INELUDIBLE

DAMIAN

La música estaba muy alta, justo como me gustaba, el volumen perfecto para no escuchar mis pensamientos, aun así la voz de mi padre se alzaba sobre cualquier sonido.

"Cumplirás veintisiete el próximo mes".

"La cláusula es clara, matrimonio o nada".

Thiago apareció de la mano de Jimena, su novia, se me subía el azúcar cada vez que los veía juntos, demasiada dulzura, demasiado romanticismo.

-Voy al baño -dijo ella. La chica a mi lado se ofreció a acompañarla, ni siquiera recordaba que estaba acompañado.

-¿Cómo soportas despertar con la misma persona cada día? -le pregunté, él rió nervioso.

-Sabes que las gemelas francesas están en la ciudad.

Rodé los ojos irritado al recordar que había perdido la oportunidad de cumplir con una fantasía sexual universal; un trío... con gemelas, gemelas francesas, y todo por ser amable con una niña mimada que ni me dio las gracias.

-¿Vendrán hoy? -pregunté animado, tal vez podría continuar lo que había interrumpido aquel día.

-Jimena dice que sí -dijo mientras se servía un vaso con whisky, me enderecé en mi asiento e inspeccioné todo el lugar con la mirada.

-¿No habías venido acompañado? -preguntó.

-Ah sí, Valeria... eh... -no recordaba el maldito nombre.

-Valentina -dijo Thiago.

-Sí, sí, Valentina. Veré qué hago con ella.

-Podrías invitarla a la fiesta -sugirió Thiago.

-No sé, no parece de mente muy abierta.

-¿Quiere decir que no podrías llevarte a la cama a Valentina y a las gemelas de una vez? -le dio un sorbo a su trago-. Sí, entiendo, eso sería demasiado incluso para ti.

-¿Es un reto?

A veces tenía la impresión de que la única manera que Thiago encontraba para soportar estar con la misma mujer cada noche era convertirlo todo en una prueba, en un desafío constante a mi capacidad de conquista. Siempre era lo mismo: a que no haces un trío con las gemelas, a que no te llevas a la cama a una monja, a que no te acuestas con la madre de algún amigo.

Lo decía con esa media sonrisa que mezclaba burla y provocación, como si mi vida fuera un tablero y yo una pieza más de su entretenimiento.

Y la verdad era que casi todos esos desafíos los había cumplido. Todos menos el de las gemelas, aunque había estado muy cerca.

-Acepto -le dije, esos retos no solo lo divertían a él, a mí me daban una sensación de autorrealización inexplicable.

Desperté en una cama de hotel con una chica a cada lado, tomé una selfie y se la envié a Thiago.

"¿Y Valentina?" -preguntó, y el recuerdo me cayó como un balde de agua fría, la había llevado hasta la habitación, ella estaba tan dispuesta como yo, le serví una copa de champán, ya se había quedado en ropa interior cuando las gemelas llegaron, yo les había dado el número de la habitación, Valentina se había cubierto de forma instintiva, cuando le dije que se relajara y se dejara llevar me echó el champán en la cara, se vistió y se marchó indignada. Las gemelas no se inmutaron.

"No quiso" fui sincero, la derrota tenía un sabor amargo.

"Entonces tendrás que pagar".

"Bien, haré lo que sea".

"Genial porque tengo el castigo perfecto" me envió un enlace a un sitio de internet.

"hombresalinstante.com".

"¿Qué m****a es esto?"

Mi perfil estaba creado, con mi nombre verdadero pero con una foto falsa, sin apellido, Thiago estaba loco pero sabía lo delicado que era meterse con mi apellido: Villalobos.

Ser un Villalobos tenía sus ventajas, sí, pero también era una completa m****a. Mi teléfono vibró y el nombre de mi padre apareció en la pantalla como si lo hubiese invocado con el pensamiento.

Ezequiel Villalobos.

Rechacé la llamada de inmediato.

Volví a la página, entendí cuál sería la penitencia, Thiago se había puesto creativo, sí, pero una cita no era nada del otro mundo para mí, vi el día, la hora y el lugar y descubrí que la mujer que me había contratado quería que la acompañara al mismo evento al que yo debía asistir ese fin de semana, reí por la ironía. Nunca había dado a conocer mi identidad como CEO de Villalobos Corporation, todo lo había manejado de forma virtual desde el anonimato, como ya dije, ser un Villalobos era una grandísima m****a. No podía creer lo generoso que el universo estaba siendo, aparecería en el evento más importante para mi empresa de forma anónima como el acompañante de alguna mujer horrible o vieja o muy desesperada, tenía que serlo para estar pagando por una cita.

Llegué a casa esa noche tratando de escabullirme hasta mi habitación pero no pude, mi padre me esperaba, tendría que seguir con aquella conversación.

-¿Qué tal Valentina Ferrer?

-Es una aburrida -espeté y seguí caminando.

-Damián Villalobos, detente ahora.

M****a, dejé salir un suspiro de frustración.

-No me importa si Valentina Ferrer es una aburrida, le propondrás matrimonio, te casarás con ella y en dos años formarán una familia.

-¿De verdad es necesario?

-Es una cláusula imposible de eludir.

Me senté en el sofá, amaba a mi abuelo, lo amaba como a ningún miembro de mi familia, pero el viejo se había muerto y me había jodido la vida, me había heredado la compañía, control absoluto, había dejado a mi padre por fuera y eso me satisfacía como pocas cosas pero las condiciones eran absurdas, al cumplir los 27 debía casarme y a los 30 tenía que tener al menos un hijo, si no cumplía con esas condiciones las acciones pasarían a ser controladas por el abogado de mi abuelo y las ganancias directo a alguna institución benéfica.

-Se te acaba el tiempo, Damián, un meses, un meses y debes estar casado y empezar a hacer bebés.

-Lo resolveré -Valentina ya no era una opción, no después de haberla invitado a participar en una orgía-, pero necesito resolver la fusión con los Valcán.

Mi padre asintió.

-Podrías hacerlo el día del evento.

-¿Hacer qué?

-Proponerle matrimonio a Valentina.

Y dale con Valentina.

-Y revelar tu identidad, matarás dos pájaros de un solo tiro.

-Sí, claro -le dije lo que quería escuchar y olvidé el asunto.

El día del evento, cuando estaba a punto de salir, me dio un sermón interminable de cómo un hombre debe asumir sus responsabilidades, hacer sacrificios y bla, bla, bla, era un descarado, no tenía moral para hablarme de responsabilidades cuando él las había eludido todas y menos de sacrificios cuando nunca había hecho ninguno. No dije nada, ya era tarde, miré mi reloj una vez más.

Él me entregó una pequeña caja.

-Supuse que no compraste un anillo así que quise ayudarte.

Se me escapó una risita, estaba desesperado, desde que yo había heredado la compañía se había convertido en una especie de asistente lamebotas, sin mí él estaba en la calle, y me encantaba tener ese poder, metí la caja en mi bolsillo sin siquiera ver el anillo y corrí hacia el auto, cuando llegué al evento, busqué el auto con la mirada, un Bentley negro, la matrícula terminaba en HB7. Subí.

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