La segunda línea nunca apareció.
Permanecí inmóvil frente al lavabo durante varios minutos, como si esperar un poco más pudiera cambiar el resultado. Sabía perfectamente cómo funcionaban aquellas pruebas. Sabía que, después del tiempo indicado, nada iba a modificarse. Aun así, seguí observándola hasta que la esperanza terminó por desaparecer.
Negativa.
Otra vez.
Apoyé las manos sobre el borde del lavabo y bajé la cabeza.
No lloré.
Llevaba demasiado tiempo intentando quedar embarazada como para