ISABELLA
Habían pasado casi tres meses desde mi primera visita a la clínica.
Durante ese tiempo intenté convencerme de que aquella idea había sido producto de la desesperación. Me repetí una y otra vez que jamás sería capaz de ocultarle algo así a Nikolai, que una relación construida sobre un secreto tan grande estaba destinada a romperse tarde o temprano y que, si realmente lo amaba, debía respetar la decisión que él había tomado respecto a los tratamientos.
Sin embargo, también existían n