Desperté antes de que sonara la alarma.
No había dormido bien.
Durante toda la noche miré el reloj varias veces, convencida de que apenas habían pasado unos minutos desde la última vez que abrí los ojos. Sin embargo, cuando finalmente decidí levantarme, todavía faltaba casi una hora para la cita en la clínica.
Catorce días.
Había esperado exactamente catorce días.
Me preparé un café que terminé dejando a la mitad sobre la encimera. Intenté responder algunos correos de la oficina, pero descubrí