El día que me dieron el alta no sentí ninguna alegría.
Durante las semanas anteriores los médicos habían insistido en que aquello era una excelente noticia. Había sobrevivido al accidente, el trasplante había sido un éxito y la rehabilitación avanzaba mejor de lo que esperaban. Todos parecían convencidos de que abandonar el hospital era el comienzo de una nueva etapa.
Yo solo sentía que estaba dejando el único lugar donde todavía existía alguna posibilidad de encontrar respuestas.
Sarah emp