SARAH
Me alejé unos metros de la sala de rehabilitación antes de volver a sacar el teléfono del bolsillo.
Había intentado mantener la conversación lo más lejos posible de Damián, pero conocía demasiado bien su manera de observar. Después de dos años dormido todavía estaba desorientado, sin embargo, nunca había dejado de notar los pequeños detalles.
Respondí la llamada antes de que volviera a sonar.
—¿Dónde está ahora?
La voz al otro lado de la línea sonaba tan nerviosa como la primera vez