DAMIAN
Desperté con la boca seca, la cabeza partida por un dolor pesado y una sensación de vacío tan grande en el pecho que durante unos segundos no supe si seguía borracho o si aquello era simplemente lo que quedaba de mí después de perder a Isabella.
La luz de la mañana entraba por una rendija de las cortinas y me golpeaba directamente en el rostro. Quise moverme, pero el cuerpo me respondió con una lentitud insoportable. Tenía la garganta ardiendo, el estómago revuelto y la piel helada bajo