DAMIAN
La abracé como si por primera vez en meses pudiera permitirme estar allí sin pelear contra todo sentía.
Ella apoyó la mejilla contra mi pecho y cerró los ojos.
El sonido del agua llenó el silencio entre nosotros.
Por un instante, absurdo y perfecto, no hubo secretos.
No hubo empresas.
No hubo padres.
No hubo verdades esperando destruirnos.
Solo estaba Isabella entre mis brazos, en un lugar donde yo había sido feliz antes de aprender que el amor también podía doler.
Me aparté solo un poco