HEKTOR
El sol empezaba a ocultarse y la temperatura a bajar. Terminé de acomodar las últimas herramientas en la batea de la camioneta; había pasado el día entero reforzando los postes del corral con Don Chente y sentía cada músculo del cuerpo gritando por un descanso. Me sacudí el polvo de los pantalones y me dispuse a subir a la cabina para regresar al pueblo cuando la vi en el corredor.
Rebeca había salido a caminar un poco, pero se detuvo en seco. Se encorvó de inmediato, apretando el barand