REBECA
Me asomé por la ventana de mi habitación, moviendo apenas la cortina para que no se dieran cuenta de que estaba observando. Abajo en el patio central de la finca, Héctor estaba cargando troncos de madera junto a Don Chente. Me costaba trabajo reconocerlo. El traje hecho a medida y los zapatos caros habían desaparecido; ahora llevaba unos jeans gastados que le prestó el hijo de Doña Lupe y una camisa de cuadros con las mangas remangadas hasta los codos.
Tenía los brazos cubiertos de polvo