HEKTOR
Cerré la maleta de un golpe y me senté en la orilla de la cama del hotel, el silencio de la habitación me estaba volviendo loco, solo interrumpido por el sonido de Mandarino rascando la puerta del baño. Miré el reloj; el avión estaba listo en el aeropuerto de Toluca y Klaus me había enviado un mensaje de texto hace diez minutos diciéndome que el consejo de administración ya estaba reunido en Berlín. Si no me presentaba mañana, no habría empresa a la cual regresar.
—Ya no tengo más tiempo