Mundo ficciónIniciar sesiónREBECA
Eran casi las diez de la noche cuando escuché el pitido del elevador. Me incorporé de un salto en el sofá, quitándome la manta de encima. Había pasado las últimas cinco horas intentando que mis cuadros de la Ciudad de México no se vieran tan fuera de lugar en las paredes del penthouse. Mandarino, exhausto de explorar cajas, apenas abrió un ojo desde su nueva posición sobre un cojín de terciopelo que, seg&uacut







